Querido papá:

Querido papá:

Como bien sabes, hace unos meses me diste un buen susto. Se ve que, de tanto querer, el corazón te creció en exceso e hizo catacrac. Vaya, que casi me quedo sin ti, a pesar de que por ley de vida deberías andar (y pescar) por aquí durante, al menos, dos o tres décadas más.

Por ese motivo, cuando me propusieron hablar de  vino, descarté todas opciones que me ofrecieron. Me decían que “distintos tipos de vino, o vinos aromatizados…”. Pero he pensado que no, que eso sería hablar de un par de tipos o de marcas y dejar el tema a medias. Voy a hablar de los vinos en general y a contarte por qué deberías tomarte un vasito con las comidas.

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Para empezar, te diré que beber un poco de vino activa la función de un gen que no permite que se formen nuevas células de grasa y que hace que las que ya tenemos se movilicen. Te lo explicaría con mayor detalle, pero, con muy buen criterio, permitiste que fuera periodista en lugar de obligarme a ser médico.

Más flaco y más guapo

Sólo te diré que un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts afirma que, en dosis moderadas, el néctar de Baco te ayuda a combatir la obesidad. Incluso esos kilos que se ganan al envejecer son menos. Todo ello a pesar de que tiene 7 calorías por gramo. Verás tú el día que inventen el vino light.

Parte de la culpa del susto que nos diste (y te llevaste) la tiene la vida sedentaria a la que tus catorce horas diarias de trabajo te obligaban. Pues, que sepas que según un artículo de The FASEB Journal, el resveratrol que contiene la uva disminuye los perjuicios de la vida sedentaria. Yo tampoco tengo muy claro que es el resveratrol, pero está en la uva y, por lo tanto, en el vino.

Previene el cáncer

A propósito: ¿sabes que dos copas al día en tu caso y una en el de mamá ayudan a aumentar el colesterol bueno? Sí: ese que protege al corazón. Otro beneficio, este para ti, no para mamá: siete vasos de vino tinto a la semana después de pasar los cuarenta, reduce en más de un cincuenta por ciento los casos de cáncer de próstata.

Hablando de cáncer (ya que te cuidas, cuídate del todo), el vino tinto, estadísticamente, ayuda a minimizar el riesgo de cáncer de pulmón. Vale, tú no fumas, pero no sólo los fumadores sufren de esta enfermedad. Y dile a mamá que el vino bloquea el crecimiento de las células que causan el cáncer de mama. De nuevo, según parece, gracias al resveratrol, capaz de frenar los efectos del estrógeno. (Hoy termino el día titulado en dietética, ya verás).

Un bactericida que mejora los sabores

Otra cosita: no sé si sabrás que el vino combate las bacterias bucales. En este caso, son científicos italianos quienes confirman que el vino trata con eficacia la infecciones de las encías, además de, como este, favorecer la digestión. Y es que determinados compuestos detienen el crecimiento de los estreptococos y las bacterias relacionadas con la caries. Asimismo, reduce las posibilidades de gingivitis y de molestias en la garganta.

A propósito: a ti que te gusta comer bien, debería decirte que esta bebida limpia el paladar y permite diferenciar y percibir los sabores de forma más nítida que si comes con agua ¿El motivo? Las propiedades astringentes, que matizan la sensación grasa que provocan determinados alimentos –pienso en las carnes rojas, por ejemplo-.

Placer inteligente

Ya ves que hablamos de un complemento a las comidas que, con moderación, puede ser muy placentero. Es tan sencillo como que libera endorfinas (mira, otra hormona cuyo nombre me suena) en dos áreas del cerebro. De este modo, según un estudio de la Universidad de California, se incrementa la sensación de placer.

Por cierto, al parecer, si la luz del ambiente es azul o roja, el placer y el sabor del vino son mucho más intensos que si esta es verde o blanca. Será cuestión de probar.

¿Sabías que, según unos setenta estudios, el consumo moderado de vino mejora el funcionamiento del cerebro y puede llegar a prevenir la demencia senil? No: no es tu caso, lo sé. Según los científicos, esto puede deberse a la gran cantidad de antioxidantes que lleva. Estos aminoran la inflamación, evitan que se endurezcan las arterias y previenen los coágulos. Efectivamente, mejora el riego sanguíneo.

Los enófilos comen mejor

Vale, papá: termino. Y lo hago recordando que he leído por ahí que un estudio que ha editado el British Medical Journal muestra que aquellos que gustan del vino acostumbran a comprar comida más sana. Es más, comparando, la dieta de los enófilos suele ser más equilibrada que la de los consumidores de cerveza.

Y es que los amantes del vino suelen ser más aficionados a las verduras, frutas, aceitunas, leche, quesos con poca grasa y carnes saludables. Con esto quiero decir que tomes un poquito de vino, que la vida ya se complica ella solita sin que tengamos que hacerla difícil nosotros.